Mi nombre es Emil Jacobo Moquete Jiminián, soy felizmente casado con tres hermosos hijos dos de ellos hembras y un varón.

Hace un poco más de cuatro meses, cuando mi peso rondaba las 296 libras y teniendo 39 años de edad fui sometido a un proceso de cirugía bariátrica llamada manga gástrica, realizado magistralmente por un Miembro de SODOCIMEB, el cual ha empezado a dar un giro total a mi vida, tanto desde el punto de vista emocional como físico.

Mis problemas iniciaron cuando apenas yo cumplía 21 años de edad, momento en el cual fui contratado por un gran banco comercial del país, para laborar en el departamento de nómina. Era tanta la presión a la que estábamos sometidos en esa dependencia, que de 160 libras que pesaba en ese momento, seis meses más tarde ya mi peso rondaba cerca de 225 libras.

Desde ese entonces inicié mi primer proceso de dieta asistido por una endocrinóloga. Los resultados en primera instancia eran satisfactorios, pues reducía en el corto plazo entre diez y quince libras que luego recuperaba y más aún, poco tiempo después continuaba aumentando.

Ya en el verano del año 2005, a través de las dietas programadas y supervisadas por mi endocrinóloga logré bajar de 260 libras a 220. Sin embargo, a mediados del 2007, mi cuerpo tenía un peso de 280 libras, con el agravante de que ya mis niveles de presión arterial se mantenían por encima de lo normal, razón por la cual en ese momento fui declarado hipertenso, debiendo controlar la alta presión con una pastilla al día.

En enero del año 2011 fui ingresado a la clínica aquejado de intensos espasmos originados en el área del vientre. Luego de cinco días de internamiento, al momento de darme de alta mi gastroenterólogo me sugirió contactar un Miembro de SODOCIMEB para que valorara la posibilidad de someterme a un procedimiento de reducción de estómago.

Luego de contactar al referido galeno, éste procedió a evaluarme e indicarme pruebas diagnósticas de laboratorio e imágenes y me refirió a facultativos de otras especialidades (cardiología, endocrinología, neumología, gastrología, anestesiología y psiquiatría) para que cada uno de ellos practicara evaluaciones en sus áreas de especialidad. Luego de agotado este proceso, se acordó realizar la cirugía el día 1ro. de marzo, fecha en que cambió mi vida.

Fui citado por el doctor para las 6 de la mañana, llegando éste al centro médico con bastante antelación de la hora prevista, y me ingresó directamente a la sala de cirugía, donde practicó el proceso en poco más de dos horas.

La estadía en la clínica fue de tres días con dieta totalmente líquida. La misma tarde de la cirugía ya estaba yo caminando, y al darme de alta, bajé a mi vehículo por mis propios pies.

Durante la primera semana rebajé 11 libras, a partir de la siguiente bajé otras ocho y así continué evolucionando hasta pesar hoy alrededor de 200 libras. A las seis semanas de haberme sometido al procedimiento, fui evaluado por el cardiólogo nuevamente y me suprimió la dosis del antihipertensivo, pues mi presión arterial se encontraba el rango normal.

Antes del proceso mi talla de cintura era 46; hoy mis pantalones son número 34. La ropa interior era XL y ahora es M, las camisas las usaba número 18, y hoy son 15 ½ .

Para llegar ahí, tuve que seguir rigurosamente las instrucciones del doctor. Las principales consistían en consumir suficiente agua y líquido constantemente desde que estaba en la clínica. Asimismo seguir al pie de la letra el protocolo de ingesta de alimentos de acuerdo a como fue programado tanto por el cirujano como por la nutricionista; y finalmente someterme a un riguroso programa de ejercicios en un gimnasio a partir del primer mes de la cirugía, lo que garantizó la tonificación de mis músculos.

Hoy soy otro, tengo nuevamente la autoestima muy alta, ya puedo ir a las tiendas y medirme toda la ropa que quiera (aunque no la compre), ya no tengo que comprar las camisas y los pantalones que aparezcan de mi talla, sino los que me gusten.

Ya puedo subir cuatro niveles de escaleras. Puedo nadar 500 metros; puedo correr con mis hijos, e incluso ganarles una carrera. Puedo jugar un juego de baloncesto completo de cancha a cancha.

Estoy consciente sin embargo que éste, aunque el más difícil, es el primer paso. Ya debo cambiar mis hábitos. Debo comer sano, debo hacer ejercicios, debo dejar atrás comidas y bebidas no aportan nutrientes. Sin embargo con ello garantizo una mejor calidad de vida. Veré por más tiempo a mi esposa e hijos. En fin viviré más.

Este procedimiento no debe ser visto como una opción a un problema. Debe ser aceptado como una nueva oportunidad que nos da la ciencia para mejorar nuestra salud y alargar nuestra vida.

Finalmente, agradezco de todo corazón a este doctor y a su equipo de galenos, quienes con la más moderna tecnología, han hecho de mi otra persona, pues yo pensaba que había vivido. Con esta nueva oportunidad, estoy aprendiendo a vivir.